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domingo, 14 de junio de 2015

Documentos nuevos sin tildes: un mal evitable

Por unos módicos ARS 35, volví a ser MÓNICA.

La renovación del viejo DNI en nuestras argentinas vidas adquirió obligatoriedad a fines del año pasado. Conforme se iban generando los nuevos documentos, nuestros nombres comenzaron a padecer la amputación de sus tildes, bajo el pretexto de estar escritos en mayúsculas.

Para la gran mayoría, lamentablemente, el hecho de que el nuevo DNI carezca de los acentos que corresponden no tiene importancia. Para los que no integramos esa gran mayoría, sí. Es blanco o negro.

Desde el vamos se da por descontado que la falta de tildes no implica ningún problema legal: tiene validez de todos modos. Lo que aquí sí se pone sobre el tapete es que no se lee igual. Y en varios casos (como los ilustrados en el cómic) hace que cambie su significado... correctamente leído.

Procedimiento para recuperar nuestra identidad

Para los que estamos comprendidos en esa minoría a la cual le importa la bendita tilde (espero que cada día seamos más) y nuestros nombres la llevan, detallo a continuación las precauciones a tener en cuenta para evitar la amputación. O, si ya fue hecha, cómo solucionarlo.

♦ Al momento de inscribir a un ejemplar humano recién nacido, verificar que el nombre del mismo sea el que se le quiso poner; incluyendo tildes, diéresis y todo simbolito que afecte al nombre y su correcta expresión gramatical. De no ser así, se requerirá luego una rectificación de la partida de nacimiento. Sí o sí es la documentación primigenia que tiene validez por sobre todas las demás.

Sacar turno en el sitio del ReNaPer. Es en línea para CABA, La Plata y Rosario. Luego, a vuelta de correo, envían toda la información necesaria. Nótese en la imagen que hay como dos meses de espera. Anotar esa fecha en varios recordatorios, para que alguno de ellos "funcione" (precisamente por no registrarlo, la que suscribe se perdió un turno anterior, ya que se acordó un par de días después de la fecha otorgada).

Concurrir al ReNaPer. El de CABA de la calle Veinticinco de Mayo consta de cuatro "postas", colas de por medio: entrada, reclamo o registro de datos, erogación de dinerillo (ARS 35 por cada suspiro) y toma de foto, firma y huellas digitales (¡hay sillas!). Excepto la última, todas son por orden de llegada. Fecha: viernes 5 de junio. Tiempo total del trámite: 50 minutos.

Primera posta: entrada. Explicarle al agente de seguridad que está apostado en el ingreso, simplemente, que uno tiene turno para el DNI, mostrándole la impresión del correo; formar fila y entrar cuando él lo indique.

Segunda posta: registro o enmienda de datos. El trámite que corresponde al agregado de la tilde es Reposición de documento ("Repo" en la jerga de ellos). Me atendió, muy gentilmente, el chico de la ventanilla N.° 4. Yo había presentado impresión de mi partida de nacimiento y del DNI viejo (todos con su correspondiente tilde); y el DNI con el error ortográfico. También llevé impresión del documento de un compañero de trabajo, que tenía la tilde puesta. Muy correcto, el muchacho me preguntó si no había traído el original de la partida de nacimiento; le dije que no y se fue a una oficina interna para ver qué podía hacer. Llevó todo el papelerío que yo le había dado. Luego de unos diez minutos, volvió y me explicó que, para que tome la tilde el sistema, tuvieron que escribir el nombre entero en mayúsculas. Primero habían intentado con inicial en mayúscula y el resto en minúscula y el sistema se lo pasaba a mayúsculas sin acento. Cuac. También me extendieron el comprobante para pagar (sin comentarios: yo quería mi acento).

Tercera posta: caja. Se pagan ARS 35. No hay mucho que decir acá. El número impreso en la boleta (991 en mi caso) sirve para que a uno lo llamen en la posta siguiente.

Cuarta posta: toma de foto, firma y huellas digitales. No importa si fuiste solo para agregar una tilde a tu nombre: te vuelven a hacer todo. Aquí me atendió, muy gentilmente, Mariana Soledad Ortiz (niña que no tiene problemas con las tildes), de la ventanilla N.° 6. No solo verificó que cada dato esté bien, sino que en ningún momento esbozó caritas por el tema de la tilde. Aparte, me dejó mirar el monitor y me sacó dos veces la foto, porque la primera no me gustó. Como frutilla de postre, me permitió retirar allí el documento (primero habló con sus superiores); ya que le dije que en casa no hay ningún mayor, durante el día, para recibirlo. Me extendió el comprobante para pasar a buscarlo el lunes 22 de junio de 18 a 20.

Esperar el sms. Jamás pensé que me iban a llegar dos sms, dado que pedí retirarlo en la central. Pero así sucedió el martes 9 de junio. Con diferencia de tres horas entre uno y otro, en uno se daba a entender que me lo entregaban a domicilio; en el otro, que lo tenía que pasar a buscar. ¿Las tildes? Bien, gracias.

Pasar a retirarlo. Firme como estaca, el miércoles 10 de junio a las 19.30 estaba con mi documento, nuevito y con su tilde, en mis manos. Me parecía a Cenicienta con su zapatito de cristal.